Andrés Granada
Psicólogo
Universidad Católica de Colombia
EL ALTAVOZ tiene entre sus objetivos promover la cultura del emprendimiento. Infortunadamente, dicha cultura no existe en la Universidad Católica, o si la hay por lo menos no es visible. En esta era de la información y la globalización han cambiado los esquemas con respecto a la formación; ya no sólo se debe buscar capacitación para ser un “buen” empleado, sino que, es vital desarrollar las competencias necesarias para crear empresa.
Lo cierto es que además de que el empleo se está acabando, cada día son mas paupérrimas las condiciones contractuales, los recién egresados que no cuenten con buenas “palancas” prácticamente se ven obligados a regalar su trabajo a cambio de sueldos “miserables”, indignos, los cuales no justifican la considerable inversión realizada.
Emprender o morir!!!! Esta afirmación la escuché de un joven universitario convencido de que la mejor forma de hacer país es contribuyendo con la generación de empleo y el desarrollo de la nación. La sociedad espera soluciones y salir a buscar a empleo una vez graduado, lo único que hace es aumentar el problema. Por consiguiente, es necesario crear una cultura de emprendimiento que le permite a los potenciales emprendedores descubrir sus talentos y cultivarlos.
Ahora bien, ¿Cuántos jóvenes estarán en la onda del emprendimiento? No son pocos, pero todavía sigue siendo una constante en las nuevas generaciones de colombianos su preferencia por conseguir un trabajo “estable” que les garantice “seguridad”; prefieren estas dos condiciones al sacrificio que implica la búsqueda de la libertad y la independencia.
El emprendimiento es una forma de vida, es una manera de pensar, de leer la realidad. Técnicamente, es la capacidad de iniciar, crear y formar un proyecto; es la habilidad para detectar oportunidades, para suplir necesidades, lo hace a través de la identificación de ideas y oportunidades de negocios. Para ello, el emprendedor tiene en cuenta su entorno, lo estudia, lo analiza y propone alternativas de solución. El emprendimiento es realizado por personas dinámicas, entradoras, luchadoras, visionarios, que se destacan por poseer habilidades en comunicación, liderazgo y una actitud muy positiva frente a la vida.
Igualmente, el emprendedor es una persona con coraje para asumir riesgos, tiene capacidad de sacrificio, sabe que entre más grande sea éste, mas grande será la recompensa, es un optimista con los pies en la tierra, es innovador, creativo y sobre todo, se establece unas metas claras.
En ese de orden de ideas, valdría la pena preguntarse ¿Cualquiera puede ser emprendedor? Si contamos con todas nuestra facultades psíquicas no debería existir ningún obstáculo, no obstante, es evidente que algunos individuos tienen en su haber ciertas características que los llevan a marcar diferencia frente a los demás. Por ejemplo: un emprendedor no le tiene miedo al fracaso; tiene claro que de él puede aprender, sabe que la experiencia, así halla resultado fallida, siempre deja enseñanzas para aplicar en nuevas iniciativas, tiene fortaleza mental, no se amilana, les gustan los retos, tiene visión y olfato para identificar las oportunidades.
En conclusión, ya no basta ser empleado, sino generador de empleos… y contribuir al desarrollo de nuestra comunidad. Así que se trata de crear sistemas que generen riqueza, los únicos sistemas que generan riqueza son las empresas, y para que existan empresas se requieren de emprendedores, y para que haya emprendedores se requiere de sistemas para motivarlos, entrenarlos y apoyarlos. Por cierto: ¿Cuenta la Universidad Católica con tales sistemas? Y si no es así: ¿Cuándo piensa implementarlos?
Así las cosas, termino la primera entrega de esta serie dedicada al emprendimiento preguntándole a usted estimado lector:
Que prefiere:
¿Ser un eterno empleado o un aguerrido emprendedor?
En sus manos está.
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