APRENDER A PENSAR CON LIBERTAD

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“Aprender a pensar con libertad” es un libro escrito por el pensador español José Antonio Jáuregui. En este libro, el autor nos enseña a cuestionar todo aquello que parece “de cajón”. Las apariencias pueden ser pistas falsas puestas por la naturaleza o por los demás para despistarnos. Pensar es precisamente detectar esas pistas no validas, esos errores disfrazados de verdades incuestionables.

Una vez desenmascaramos las falacias aceptadas en torno a los nacionalismos, la historia, las modas, la sociología, los sentimientos, la democracia o cualquier otro tema, estamos preparados para pensar con libertad.

Por tratarse pues de un libro de capital importancia para aprender a pensar, con cada entrega de EL ALTAVOZ se publicará una transcripción acompañada –cuando sea necesario- de comentarios que nos ubiquen en nuestro contexto colombiano.

“Amigo Platón, pero…”

Se paseaba Aristóteles con sus alumnos mientras razonaban en torno a “la medida de la casa” (…) en su escuela “peripatética”. Uno de estos estudiantes hizo una observación que disgustó al maestro: “Pues no es mía esta reflexión. Es de su maestro Platón”, respondió este alumno, creyendo haber puesto a Aristóteles en un aprieto. Aristóteles se paró y dijo: “Amigo Platón, pero incluso la verdad amiga” o en otras palabras “Amigo Platón, pero más amiga la verdad”.

(…) Aristóteles nos da un consejo crucial y fundamental, si queremos aprender a pensar, si queremos mantenernos libres en lo más sagrado que nos ha concedido la naturaleza: nuestra libertad de pensamiento. En realidad Aristóteles, nieto académico de Sócrates (…) crea una variación del tema que ya había anunciado y enunciado el padre de la filosofía (…) “Mi querido Agatón, puedes sin dificultad contradecir a Sócrates, pero no puedes contradecir la verdad”.  

(…) Uno de los grandes obstáculos que pueden impedir a nuestra sufrida razón el desempeñar su oficio es el tragarnos sin más “lo que ha dicho Platón”, lo que han dicho “los expertos”. Llevamos en el cerebro una programación que nos empuja a “creer” lo que han proclamado los grandes gurús de la academia. Llevamos también en el cerebro otra programación que nos empuja a nos ser perezosos y ano tragarnos nada sin haberlo digerido previamente. No debemos confundir la ciencia con la creencia.

El consejo de Sócrates y Aristóteles debería colocarse a la entrada de todo liceo, academia, instituto o universidad. (…) el peligro que acecha a toda persona es que los santones, los gurús, los sectarios terminen encarcelando la razón en alguna mazmorra de prejuicios y de dogmas: “lo ha dicho Platón. Punto. Lo ha dicho Marx. Punto. Lo ha dicho Freud. No hay más que hablar. Lo ha dicho Chaves. (Lo ha dicho Uribe. ¡Viva el uribismo)

El verdadero filósofo, el autentico profesor, no intenta que sus estudiantes se aprendan de memoria de toda una sarta de dogmas de tal o cual secta o camarilla. El verdadero maestro previene a sus estudiantes del peligro de preferir a Sócrates a la verdad. El propio Sócrates no insta ni incita a sus estudiantes para que se conviertan al “socratismo”, ni para que se definan como “socratistas”.

 

Todavía no hemos descubierto una sociedad que no se identifique por un territorio, sino que se identifica y define en torno a un ser humano de carne y hueso: Marx, Lenin, Mao. He denominado provisionalmente a esta comunidad o equipo social como persenópolis: aquella comunidad o equipo humano que se identifica emocionalmente (Y, tal vez, racionalmente) con una persona concreta.

(…) La persenópolis y las persenópolis forman parte del paisaje social, cultural,  y psíquico del Homo Rationales y del Homo Personopoliticus. El intelectual comunista más radical de una época puede creer ingenuamente que su comunismo es ciencia pura y dura, sin percatarse de que tras dejar de seguir a los prestes con una vela, sigue con la hoz y el martillo a Marx, a Lenin, y a Mao, definiéndose a sí mismo como marxista-leninista-maoísta (triple persenópolis).

No solo de razón y ciencia vive el hombre, sino de fe, de convicciones y de conciencia. Pero si el hombre necesita alimentar su fe y sus convicciones, para salir a tomar parte en el juego de la vida con diversos equipos personopolíticos enfrentados, necesita, asimismo, percatarse de que no es solamente un “marxista” o un “budista”, sino también, un hombre racional. Aquí entra Sócrates con su advertencia a sus discípulos: “Os interesa la verdad y no la verdad de Sócrates”.

Otros dos grandes filósofos que se caracterizaron por enseñar a pensar con libertad fueron Averroes y Tomas de Aquino, ambos miembros de numero de la “Escuela de Atenas”. Ésta es la escuela del arte libre de razonar, de dudar, de interrogarse, de cuestionarse, de no tragar ningún dogma sin pasar por el tribunal de la razón y de la conciencia individual. Cabe la persenópolis, pero sin renunciar a la libertad de pensamiento. Éste es el mensaje que nos dejan en el testamento de sus escritos y de sus vidas Averroes y Tomas de Aquino, hijos legítimos de Sócrates y Aristóteles.

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