LA CULPA / Cuento

Mauricio Devia

Facultad De Derecho

Universidad Católica de Colombia

Esta es una historia de ciudad, de esa ciudad lúgubre y fría, de esa Bogotá de encantos y desencantos, de esa parte antigua, llena de historias fantásticas y fantasmas que cada noche salen por la ciudad sin ser siquiera recordados, es una historia  de tiempo actual pero seducido por el espacio creado por años y años pasado.

 Sucedió en una calle cualquiera del centro, en  un edificio de apartamentos  modernos que contrastan con la antigüedad de las pequeñas casas que los rodean, si, uno cualquiera, como en el que alguno de nosotros vive, y también, le sucedió a gente normal, como la  gente perteneciente a esa procesión diaria de muertos vivientes, alienados por el trabajo y las llamadas necesidades básicas. Tal vez quien oiga esta historia los conozca, tal ves no, tal ves sea ese hombre común y corriente  que vestía un pantalón negro y una camisa azul en perfecto estado que alguien vio hace unos meses caminando a su lado…. un desconocido mas  en un mundo al parecer conocido, pero lleno de misterios e incógnitas.

Nunca pensó que todo fuera a tener tanta trascendencia, el solo verla allí, entre la tina, completamente desnuda, con los ojos cerrados sin que nada importara, con el rostro un poco humedecido y con un plato lleno de uvas al lado, hizo despertar en el algo que nunca pensó que fuera a suceder en esas circunstancias. Salió del baño sin que ella se diera cuenta, pensando en con que hacerlo…pensó en una almohada…no, era muy tele novelesco y además podría defenderse. Necesitaba algo que produjera una muerte inmediata. Rebusco por todo el apartamento hasta que al fin, al lado de la puerta principal, sobre una mesa, encontró un candelabro de plata de estilo barroco y un tanto afectado por el paso de los años. Regresó al baño, pero justo cuando estaba entrando en este, sonó su celular, respondió, era su hija diciéndole que ella y su mamá acababan de tener un accidente cuando se dirigían al sitio donde el estaba, su casa, pero al carro el fallaron los frenos y se estrellaron contra un bus de servicio publico por la séptima con 37.

  Mi madre murió, decía Natalia de 15 años de edad. Estudiante de décimo grado en un colegio del norte de la ciudad. Mi madre murió, repetía llorando por el celular. Él, conmocionado, corrió  a decirle a ella, quien acababa de salir de la tina y se estaba secando con una toalla de franjas blancas y azules. El terminó de contar la trágica noticia y ella respondió así: “por fin”  ¿Cómo así? ¿A que te refieres?, dijo el, “si, como lo oyes, por fin pude librarme de ella… si, yo dañe los frenos del carro de tu esposa”, ¿por qué? Preguntó él, “¿por qué? ¿Por qué? Preguntas tu… por que estoy cansada de solo ser tu consuelo todas las noches,  de que me lleves a esos bares de mala muerte solo por miedo a que nos vean juntos, mientras tu esposa disfruta de los mejores clubes de la ciudad, entiende, lo hice por nosotros, por fin podremos gozar juntos”. Ella camino hacia  la ventana mirando el vacío, ese vacío de ciudad, infestado  de muros y naturaleza lejana, esa extraña, pero a la ves común mezcla que nos persigue en cada rincón de la civilización. Él, simplemente observaba su bella desnudez por la que, pensaba él, seria la última vez.

  Recordaba esa  piel, ese olor, esos ojos, esa mirada, esos labios, ese todo que lo cautivo y que lo llevó a engrosar las filas del amor oculto. Pero… ¿Si iba  a ser capaz? no importaba si era amor o un simple capricho, igualmente ya se había acostumbrado a esa doble vida que estaba llevando hace más o menos 11 meses. Muchas ideas llegaron a su cabeza, crearon un laberinto de indecisión. Un mar de odio, sufrimiento, tristeza  y miedo invadió su cuerpo, no podía seguir jugando con los sentimientos de estas dos mujeres. Pero… ¿Por cuál decidirse? Si, ambas  le entregaban lo mejor de sí. Pero ella… Ella parecía estar jugando permanentemente a vivir, flirteando con la vida, y él estaba convencido de una vejes seria y al lado de su mujer hasta sus últimos días.

  Aunque segado por la confusión, logró tomar una decisión, se acerco a ella, la quito de la ventana, un aire denso nació entre los dos, la puso frente a él en medio de una sala de tipo clásico con muebles antiguos, una mesita para el café  y una cantidad de cuadros con retratos en los muros que parecían estar vigilando cada movimiento de sus cuerpos. Mirándola fijamente a los ojos, rodeo su cintura con  el brazo izquierdo, puso su quijada sobre su hombro y ella se perdió en su pecho, el cual estaba a punto de estallar por que su corazón deseaba escapar, no quería ser parte de esto, no quería traicionar lo que realmente sentía. Con la mano derecha, sostenía el candelabro de plata, no pensó, simplemente actuó, le dio un golpe contundente en la nuca. Ella inmediatamente murió en sus brazos. Se sintió repugnantemente culpable, sin embargo, según él, esa era la única escapatoria, pero, ¿escapatoria a que? Si su esposa también acababa de morir, ahora se había quedado sin ninguna de las dos. Ella aún continuaba en sus brazos, el observaba su inmóvil y muerta belleza y se sintió vigilado, acusado y repudiado por todos esos ojos del pasado que lo miraban y lo escupían desde los cuadros de la sala, el miedo creció en él, invadió cada una de las partes de su cuerpo, salía por sus poros en forma de sudor, un sudor frío y seco que recorría toda su piel, y el arrepentimiento  se escapó de su corazón para salir en forma de lagrimas por sus ojos que no era capas de levantar por el terror que sentía de ser juzgado por las almas que habitaban la vieja ciudad, su conciencia lo abandonó y sólo encontró refugio en el olvido y la soledad.

  Días después en el centro de la ciudad, en un apartamento, específicamente en una sala de tipo clásico con muebles antiguos, una mesita para el café  y que en los muros tenia una cantidad de cuadros con retratos de imágenes  tristes e inertes, el cadáver desnudo de una bella mujer, cabello negro, ojos azules y labios rojos, fue encontrado con señas de haber recibido un golpe en la nuca, el cual al parecer había producido su muerte, y a su lado un candelabro de plata de estilo barroco un tanto afectado por el paso de los años.

 Se dice que en las calles del centro de la capital, arriba de la séptima por las vías mas antiguas, se pueden encontrar muchos tipos de personajes  reales y míticos, con miles de historias, entre ellos, un hombre de pantalón negro y camisa azul un tanto raída  por las condiciones del tiempo, que muestra y presenta al mundo a sus dos bellas mujeres, sus dos grandes amores. Pidiendo a todo aquel que pasa por su lado una solución, una forma de librarse de esos ojos que lo acusan, lo persiguen y torturan día y noche, y una niña de más o menos 15 años de edad, cuyo nombre dice que es Natalia, que busca desesperadamente a su padre.                  

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