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Por: Andrés Granada
La representación estudiantil en la Universidad Católica de Colombia parece más un mito que una realidad. En el papel existen los Representantes, pero en la práctica sirven para muy poco, cosa que es beneficiosa para las directivas, en la medida en que no tienen incomodas organizaciones estudiantiles que cuestionen sus medidas y les pidan explicaciones, pero lamentable para la comunidad estudiantil, dado que no tienen voz ni voto efectivo en las decisiones que los afectan.
Según el papel –que lo aguanta todo- en el Articulo 47 del Reglamento del Estudiante se establece el derecho a la representación estudiantil, según éste “Los estudiantes tendrán derecho a participar en los organismos que señalen los Estatutos de la Universidad, sólo mediante sus representantes democráticamente elegidos, dentro de los procedimientos que establezca cada cuerpo colegiado en el cual va a ejercer la representación”
A simple vista podría pensarse que en efecto los estudiantes están debidamente representados, sin embargo, el estado actual de dicha representación se reduce al accionar de un solo individuo en el consejo de facultad, o en algún otro organismo que autónomamente éstas señalan; quedando entonces reducida su labor a la de un mero canal de comunicación entre las directivas y los estudiantes, es decir, una “labor pasiva” y en caso mas extremos en una figura decorativa que los estudiantes en general ni siquiera se dan cuenta de su existencia y su rol como Representante.
Lo anterior obedece a que el Representante no cuenta con una sólida organización que respalde su trabajo, salvo la labor que pueda realizar cada uno de los representantes de curso, no existe un trabajo coordinado y el papel de estos últimos también queda reducido a la mera comunicación de cuestiones técnicas de su facultad, porque entre otras cosas tampoco tienen claro su rol.
La falta de efectividad en la representación estudiantil tiene dos responsables: I) los mismos estudiantes y II) la universidad como institución. Los primeros porque viven inmersos en una cultura individualista, poco les interesa el bienestar ajeno y “perder” el tiempo en tareas engorrosas y a los segundos les cabe la responsabilidad por no crear los espacios donde surjan los liderazgos, por no apoyar las iniciativas provenientes de la comunidad estudiantil, también ha inculcado esa cultura pasiva, esa que no protesta, ni mucho menos es contestataria, esa que no exige calidad.
En fin, los representantes en la Católica son un adorno, no tienen ningún peso, solo están para ocupar una silla en una reunión periódica en la que el respectivo decano da cuenta de cómo va su facultad y el Representante no tiene mecanismos para comunicarse con sus representados, tampoco nadie le hace control social, nadie verifica si cumplió con sus promesas, si en verdad esta ejerciendo su rol. Su actuación es propia de una comedia, la cual ni siquiera es tomada en serio por sus propios compañeros.
No son pocos los estudiantes que se quejan por una u otra razón: que no hay bienestar, que no hay infraestructura, que algunos docentes son muy malos, que hay mucho hacinamiento, que hace falta calidad, etc, etc, etc, pero mientras no existan, sólidos y poderosos consejos estudiantiles no serán mas que palabras al viento. De manera pues que la gran responsabilidad recae en los estudiantes, son ellos los que deben organizarse, y empezar por un interés común, el cual es su propio bienestar.
Lo cierto entonces y para concluir, es que en la actualidad, la figura del representante estudiantil es más un mito que una realidad.
Archivado bajo: EL OPINADERO, EN LA LUPA, En Voz Alta / Andrès Granada, VOX POPULI | Etiquetado: Representacion estudiantil